Vivir cerca del volcán
Lo que la historia enseña sobre inmigración, crisis, ICE, resistencia y futuro
En estos días el economista Tyler Cowen publicó un texto que ha generado ansiedad en mucha gente: una reflexión donde afirma que, en los países ricos, toda política migratoria termina siendo cruel. Que si el país abre la puerta, la cierra después. Que si recibe a unos, rechaza a otros. Y que no hay salida verdaderamente humana a este dilema.
Entiendo por qué esas palabras inquietan. A veces, cuando la política migratoria sube y baja como un termómetro enfermo, es fácil creer que todo está perdido. Que la crueldad es inevitable. Que la historia siempre nos agarra abajo.
Pero yo quiero hablarte desde otro lugar. Desde la historia que investigué para escribir el libro En vivo desde América.
Esto que vivimos hoy no es nuevo.
Lo que vivimos es un ciclo, y ya hemos sobrevivido muchos
Cuando uno aprende la historia de este país, algo se vuelve evidente: Estados Unidos siempre ha oscilado entre abrir la puerta a los inmigrantes y cerrarla de golpe.
Es decir: el rechazo no es nuevo. De hecho, la discriminación al hispano fue una de las razones que permitió que Univision creciera exponencialmente. Cuando los grandes canales ignoraron a los hispanos, nació una red de televisión que habló nuestro idioma, contó nuestras historias y construyó una nueva identidad cultural.
Esa historia la cuento con lujo de detalles en el libro. Y lo más poderoso es que muestra algo que muchos olvidan:
Los inmigrantes latinos no solo sobrevivimos a los ciclos. Los transformamos. Creamos cadenas de TV, periódicos, iglesias, negocios, barrios enteros. Creamos comunidad incluso cuando nos querían dispersos.
Entender cómo se pasó de 3.5 millones de latinos en 1960 a más de 62 millones hoy puede ayudar a bajar los niveles actuales de ansiedad lo suficiente como para dejar de preguntarse “¿Por qué nos está pasando esto?” y mas bien pensar en que dado que este ciclo existe, ¿qué hacemos ahora?
Repasemos un poco de la historia contemporánea de la seguridad nacional fronteriza y migratoria de esta nación.
Bush: 11 de septiembre y el Estado de seguridad
Después del ataque del 11 de septiembre de 2001, la inmigración quedó absorbida dentro de la “guerra contra el terrorismo”. La Ley de Seguridad Nacional creó el Departamento de Homeland Security (DHS) en 2002 y, con él, ICE, una agencia totalmente nueva con enormes poderes de ejecución.
Bush impulsó un programa de “trabajadores temporales” al estilo guest worker, pero lo que realmente se materializó fue más control fronterizo: la Secure Fence Act de 2006 autorizó aproximadamente 700 millas adicionales de muros fronterizos y otros tantos sistemas de vigilancia “virtual”.
Para nuevos inmigrantes, la sensación era simple: “Cada vez es más difícil cruzar; no te arriesgues.”
Bajo Obama , la arquitectura de seguridad construida después del 11 de septiembre no se desmanteló. Se refinó. De 2009 a 2016, su administración registró más de 3.1 millones de deportaciones por ICE, más que cualquier otro presidente estadounidense, con un pico de más de 400,000 expulsiones en 2012.
Al mismo tiempo, Obama creó DACA en 2012, una protección limitada pero transformadora para jóvenes indocumentados traídos al país durante la infancia. Desde entonces, más de 800,000 “Dreamers” se han beneficiado en algún momento viviendo, trabajando y formando familias en EE.UU.
Así, Obama combinó una aplicación de la ley muy dura con un canal estrecho de alivio. Si vivías en ciertas comunidades fronterizas en esos años el miedo era alto y DACA era como un pequeño puente frágil sobre un enorme desfiladero.
Trump 1: retórica dura, menos deportaciones, incertidumbre crónica
El primer mandato de Trump llevó la retórica antiinmigrante a un nivel que no habíamos visto en la política presidencial moderna: el “travel ban”, los comentarios de “shithole countries”, la separación de familias, “build the wall” y múltiples intentos de terminar con DACA.
Y, sin embargo, en números puros de deportación vía ICE, su primer mandato expulsó menos personas que Obama: menos de 1 millón en total, frente a los 3.1 millones de Obama. En parte porque la población indocumentada ya había disminuido; y en parte porque Trump dependió mucho de las expulsiones rápidas bajo el “Título 42” durante la pandemia, que no aparecen igual en los datos de ICE.
Pero una vez más, lo que importa psicológicamente no son solo las estadísticas, sino la sensación.
Bajo Trump 1, sentías que aunque estuvieras “seguro” en lo técnico, como beneficiario de DACA, TPS o simplemente alguien con años viviendo en EE.UU., el suelo podía desaparecer en cualquier momento.
COVID: fronteras cerradas, una calma extraña
Luego la pandemia frenó todo. Las fronteras se cerraron. El Título 42 se convirtió en la herramienta dominante; los cruces fronterizos bajaron brevemente a niveles similares a los de 2010–2015, para luego rebotar en un patrón distinto y más caótico con la llegada de Biden a la Casa Blanca.
Biden: cifras récord y la percepción de “frontera abierta”
Cuando Biden llegó, prometió un sistema más humano y puso fin a algunas de las políticas más duras de Trump. Pero la migración desde todas partes aumentó; entre el año fiscal 2021 y febrero de 2024, las autoridades registraron unos 9.4 millones de encuentros con migrantes no autorizados, más del triple del total durante la era Trump.
La narrativa dominante era que “la frontera está abierta y fuera de control.” Esa percepción ayudó al retorno de Trump.
Trump 2: Ahora estamos en la era a la que se refiere Tyler Cowen. El segundo mandato de Trump, con la visión de Stephen Miller finalmente con el presupuesto y las herramientas legales que siempre buscó.
A los pocos meses, Trump declaró una nueva emergencia nacional, reinstaló Remain in Mexico, suspendió la mayoría de los procesos de asilo y TPS, y aprobó un gigantesco paquete de medidas que eleva el presupuesto de ICE a más de $70 mil millones, con una meta explícita de 1 millón de deportaciones al año.
Los números son severos:
Para octubre de 2025, ICE tenía ritmo para deportar aprox. 600,000 personas en el año, mientras DHS reportaba que más de 2 millones ya habían salido desde enero, voluntariamente o no.
Datos internos mostraron casi 278,000 arrestos de ICE en menos de un año, un promedio de 965 al día.
En la frontera, los cruces se desplomaron: el nivel más bajo desde 1970.
Si uno mira solo los números, se diría que Trump 2 “solucionó” la crisis fronteriza.
Pero si vives dentro de las comunidades que están siendo allanadas, vigiladas y presionadas, se siente como vivir al pie de un volcán activo. Sabemos que habrá sacudidas. Sabemos que habrá lava y humo. Sabemos que a veces será peligroso.
Pero las comunidades que viven cerca de volcanes no viven paralizadas. Viven preparadas. Aprenden patrones de evacuación y organizan a sus vecinos. Tienen planes. Y cuando el volcán entra en actividad, saben qué hacer. Si estás viviendo la erupción ahora mismo, recuerda que esto es un ciclo, no el final de la historia.



